Lucía, mi Pediatra.

Desde la experiencia de mi profesión y la sensibilidad de mi maternidad.

Lo mejor de nuestras vidas

Y por fin ha llegado el momento, hoy sale a la venta mi libro: “Lo mejor de nuestras vidas”

-¿Pero por qué estás nerviosa si ya está todo el trabajo hecho?- me preguntaban recientemente.

  • ¿Que por qué estoy nerviosa?- le pregunté sorprendida- solo te voy a leer 5 frases, las 5 primeras, la dedicatoria, y entonces entenderás por qué:

 – A Carlos y Covi.

  • Mamá, ¿Es verdad que por nuestro cuerpo corre la mitad de tu sangre?
  • Sí, cariño
  • ¿Y la mitad de tu alma?
  • La mitad mi alma está en este libro.

 

Y no es mi tercer hijo, como dicen muchos. Es parte de mí, es parte de vosotros, es parte de mis hijos, de mi vida, de todo mi ser. Es un libro escrito al desnudo, sin miedo y libre. Y esto impone.

Porque una se desnuda en la intimidad dispuesta a entregarse a la persona que tú has elegido, pero desnudarse frente a miles y miles de lectores hace que en los últimos días no pueda dormir como de costumbre, hace que no pueda pensar en otra cosa, que me sorprenda a mí misma con una sonrisa permanente desde que me levanto hasta que me acuesto. Hace que me parezca que todo el mundo a mi alrededor vaya a cámara lenta mientras yo ya he ido y he vuelto tres veces.

Lo mejor de todo esto es lo que me hace sentir, lo que me llega de toda la gente que me rodea.

Hace unos días mi gran amigo Juanjo al que incluyo en mis agradecimientos me decía:

  • En las últimas semanas no hemos hablado tanto, sé que vas liadísima, es tu momento. Pero quiero que sepas que VIBRO con cada cosa que te está pasando. Y lo vibro como si me estuviera pasando a mí. Pídeme lo que sea para promocionarlo aunque poco apoyo necesitas ya” – añadió.
  • No necesito nada, Juanjo. Sólo que sigas viviéndolo a mi lado- Le contesté.

Iba en el coche y me emocioné al decírselo. Ahora me estará leyendo… jaja, de nuevo mis pensamientos al desnudo. ¡No tengo arreglo!

Y como si de magia se tratara esa misma mañana entre las docenas de pacientes que vi en urgencias colapsada por la gripe de este año que está haciendo estragos en los más pequeños, apareció una pareja con su hija a los que hacía muchos meses que no veía. Y cuando vi al padre y me preguntó cuándo era la presentación en Alicante, de pronto se me encendió la bombilla:

  • Dios mío Dani. Si tu sales en mi prólogo- le dije con la mayor de mis ilusiones.
  • ¿Qué me dices Lucía? ¿No me digas?- teníais que haber visto su cara, su mirada.
  • Sí. Fue a raíz de una conversación que mantuve contigo hace ahora un año, en mi consulta. Quizá no te acuerdes, pero yo sí. Frases, momentos, sensaciones que inspiran. Y esto fue lo que me ocurrió aquella mañana que habías venido con tu niña febril.
  • El día uno compraré tu libro y me emocionaré… lo sé- me dijo asintiendo con su cabeza
  • Yo también lo sé, le dije- y me levanté para explorar a Aitana que venía con dolor abdominal.

 

-¿Y tú cómo vives el estar al lado de una mujer como Lucía?- le preguntan frecuentemente a mi chico.

  • Pues llorando todo el día- contesta él entre risas.

Y entonces recuerdo como le daba a leer cada una de las partes del libro y me sentaba delante de él para mirarle fijamente los minutos que fueran necesarios hasta que terminase para no perderme ni uno solo de sus gestos, ni una sola de sus carcajadas, ni una sola de sus lágrimas. Y cuando terminaba y veía su cara, su mirada y escuchaba su respiración sabía que lo había logrado. Y lo celebrábamos como merece.

Y al mismo tiempo se lo mandaba a mi primer editor, a David y miraba el email 10 veces al día (¿Qué digo 10? 40 veces al día) a ver si me había contestado. Qué nervios las primeras veces. ¡Qué nervios, Dios mío! Otro que me estará leyendo ahora… De nuevo lo he vuelto a hacer. Y si no me contestaba en el día pensaba “No le ha gustado” o “ni lo ha leído” y esto lo pensaba cada vez a lo largo de los 3 meses que me llevó escribir el libro. Pero siempre me equivocaba. Cuando recibía su email diciéndome todo lo que le había hecho sentir… me echaba a llorar. ¡Qué exagerada! –pensaréis. Pues no lo sé. Pero así lo sentía y así lo lloraba.

Lo mejor de nuestras vidas 3Y es que este último año ha sido de sentir. He sentido tanto que hasta esta misma mañana he escrito a mi segundo editor, a Javi y le he dicho: “Que bonito todo lo que me está pasando. Gracias”

Y ya está. No necesitaba nada de él, ni él de mí en ese momento, pero me apetecía decírselo. Porque me molesta cuando la gente solo recurre a mí para pedirme cosas. Yo vivo sintiendo y vivo expresando y ni puedo ni voy a cambiarlo.

Y cuando mi emoción es máxima entonces directamente le llamo para decirle: “Ay, ay, ay… que estoy felizzzzzzz” – y él se ríe, se ríe mucho. Y me gusta.

Porque qué gusto da recibir un mensaje de alguien que se ha acordado de ti y simplemente “te dedica un recuerdín” como dicen mis padres.

Bueno pues empecé este post dispuesta a hablar de mi libro (jaja, como Paco Umbral) pero al final me he vuelto a desnudar! Jaja. A ver si voy a tener que ir al médico para que me lo miren.

¿Y si el libro finalmente no cumple todas tus expectativas o las expectativas de la editorial?- me preguntaron.

Mis expectativas están más que cubiertas porque este año he sentido tan intensamente que jamás lo olvidaré, he recibido el calor de tanta gente, el calor genuino, el desinteresado, el de verdad, que esto ya nadie me lo quita. Me he emocionado tantas veces con mis pacientes que ya nunca volveré a ser la misma. De todos me llevo un trocito, de todos.

He ganado en todo, hasta en estilo: ahora escribo mucho mejor que cuando escribí el libro. Así que “chicos planetarios” ya sabéis, ¿A qué estáis esperando para proponerme el segundo?

Y aquí termina mi labor, seguiré con mi blog contando historias, llegando a miles de hogares. Ahora la pelota está en vuestro tejado. Ahora sois vosotros los que tenéis que escribirme a mí para decirme qué os ha hecho sentir. Estoy deseando leeros a todos, ver vuestras fotos con mi libro, escuchar de viva voz vuestras críticas.

¡Estoy lista!

¡Empezamos!

 

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