Lucía, mi Pediatra.

Desde la experiencia de mi profesión y la sensibilidad de mi maternidad.

Carta de un padre a todas las mujeres.

¿Qué no puedo cuidar de mi hijo como lo hace su madre? ¿Quién lo dice? ¿Quién se atreve a insinuarlo si quiera?

Que tú seas capaz levantarte antes para preparar los desayunos de todos nosotros y sus almuerzos del colegio, contestar a la nota de la profesora, elegir su ropa para que vaya bien conjuntado y hasta no olvidarte ni un solo día de echarle colonia, no significa que yo no sea capaz de hacerlo, de hecho, lo hago.

Que yo elija organizar mi día de tal forma que pueda salir a hacer deporte, que siga estando al otro lado del teléfono cuando mis amigos me necesitan, como lo estás tú también; que si me preguntas, prefiera echarme la siesta un sábado a las 4 de la tarde antes que ir al parque o que me haya confundido y en lugar de ponerle fruta en la mochila le haya puesto unas galletas, no significa que sea un mal padre.

Que titubee a la hora de recordar las fechas de cumpleaños y santos de todos vosotros no quiere decir que no seáis lo mas importante de mi vida. 

Mis sentimientos de la crianza son diferentes a los tuyos pero complementarios. Hombres y mujeres sentimos diferente.

Mientras tú corres hacia él para levantarle de una caída sin importancia, yo le animo con un “Venga campeón, arriba, que no ha sido nada”.

Mientras tú le lavas los dientes con mimo sin olvidarte ni una sola esquinita, yo le reto con un: “Ale, a ver quien aguanta más tiempo con el colutorio en la boca”.

Mientras tú le acaricias como nadie la espalda en esas tardes lluviosas en las que se acurruca a tu lado, yo busco el balón para jugar una “pachanga” en cuanto salga el sol, y si no sale no importa, quizá nos mojemos un poco, pero lo pasaremos en grande ¿Te apuntas?

Mientras tú haces rosquillas y bizcochos con ellos en la cocina al volver del trabajo, yo os observo y sonrío al escuchar vuestras carcajadas. ¿Escuchas tú las nuestras cuando me los llevo al cine, a la compra, o simplemente a hacer unos recados para que tú puedas descansar un poco o trabajar algo más tranquila? 

Mientras tú te encargas de hacerle las trenzas a la niña, poner las rodilleras en el chándal del mayor y de revisarles las cabezas cuando llega la famosa circular de los piojos; yo les ayudo en los deberes, hago interminables jornadas de guerras de cosquillas donde cierto es que la niña termina sin trenzas, el mayor con las rodilleras de nuevo gastadas y los piojos… ay los piojos, pues si tienen, terminamos todos rascándonos como posesos! 
padre e hijo

No soy el mejor chef, no entiendo bien de colores ni de qué lazo va mejor con sus zapatos. Las fechas me patinan. No tengo ese rádar nocturno que tú tienes: antes de que haya abierto los dos ojos, tú ya te has ido de mi lado. No soy capaz de estructurar mi día como tú lo haces, de hecho, te admiro. Admiro tu capacidad de controlar todo lo que te rodea: tu trabajo, tus hijos, nuestras necesidades…Pero ¿Y las tuyas, cariño?

No soy perfecto como hombre, tampoco lo soy como padre, intento mejorar aunque ¿Quién quiere serlo? ¿Acaso tú lo eres? A veces llegas, otras no… Eso es la vida, lo hemos hablado muchas veces. Los súper héroes solo están en las pelis. Yo no intento cambiarte, no lo intentes tú conmigo.  ¿Ves a los niños infelices a mi lado? ¿Los ves desatendidos? Sé sincera. Porque yo los veo felices. ¡Nos veo felices! De vez en cuando se me escapa una palabrota delante de ellos, cierto, pero… ¿Y lo que nos reímos aquel día cuando vino nuestra niña con una esponja llena de jabón dispuesta a lavarme la boca hasta sacarme brillo?

Y por último, el hecho de que de vez en cuando te sugiera dejar a los niños con los abuelos para escaparnos un fin de semana a una casa rural los dos solos, no significa que no quiera a mis hijos, los quiero más que a mi vida… Simplemente significa que te necesito, que quiero seguir disfrutando de ti como mujer, no sólo como madre. Significa que valoro mucho una conversación tranquila sin las incontables interrupciones de los niños. Significa que quiero tener sexo decente contigo, como el que teníamos antes. ¡Que te deseo! ¡Que te quiero! 

¿Lo entiendes ahora? 


Visita la nueva sección de Lucía, mi pediatra sobre libros de educación emocional e inteligencia emocional en los niños AQUÍ.

« »

© 2016 Lucía, mi Pediatra.