Lucía, mi Pediatra.

Desde la experiencia de mi profesión y la sensibilidad de mi maternidad.

Carta a una mujer embarazada.

Querida mamá, y te digo “mamá” porque aunque no haya nacido tu bebé aún, tú ya eres madre. Lo sientes, ¿verdad? ¿Verdad que te sientes madre desde el mismo instante en que supiste que estabas embarazada?

¿Estás preparada para querer a alguien más de lo que hayas querido jamás? ¿Más incluso que a tu propia vida?

Lo estás, lo sé que lo estás.

Pero tranquila, tranquila si este sentimiento no nace al mismo tiempo que nace tu hijo.

Tranquila si las primeras semanas no te reconoces.

Tranquila si todo el mundo a tu alrededor celebra el feliz acontecimiento y tú no estás para celebraciones. No te sientas culpable: se llama postparto.

¿Qué nadie te ha hablado de él? Cómo te comprendo. A mí tampoco me habían hablado de él, ni siquiera yo misma me había percatado de él en mi profesión como pediatra. Me enfadé mucho cuando supe la verdad, ¿sabes? Me enfadé conmigo misma por no haberlo sabido ver en las pacientes que había tenido frente a mis ojos los años previos a ser yo madre. Me enfadé con mis amigas, con mi familia, con mis profesores incluso, me enfadé con el mundo entero.

¿Por qué nadie me había hablado de esto? Quería gritar.

La mujer que veía en el espejo no era yo. Todos esperaban de mí unos sentimientos y unas sonrisas que se negaban a florecer aún…

Sentí la oscuridad de la soledad rodeada de gente feliz con un bebé sano y maravilloso en mis brazos.

Sentí el dolor físico de unos puntos que nunca imaginé que dolieran así, una vez hecho ya todo el trabajo duro…

Hasta que un día rota de la  frustración y de la negación con una criatura que lo único que quería era mamar y mamar y mamar, agotada por no dormir más de dos horas seguidas y decepcionada con un marido al que no reconocía, entró mi madre por la puerta, secó cada una de mis lágrimas y me dijo:

  • Esto es el postparto. Son quince días. Pasará, cariño, pasará. Te lo prometo.

Y no se equivocó. Pasó. Se fue y yo volví a ser la que era.

Carta a mujer embarazada

Así que querida, cuando nazca tu hijo, si entras en el oscuro túnel del postparto no sufras. No lo hagas porque esto que te va a ocurrir es normal. Los niveles de estrógenos y progesterona caerán bruscamente y este será el motivo de tu desazón.

Escúchame bien, no te hagas demasiadas preguntas. No cargues contra tu pareja, contra tu familia, en ellos no está el problema. No vayas más allá. No pienses, siquiera.

Preocúpate por recuperarte físicamente lo antes posible. Consulta si tienes dolor, nadie debe tener dolor; hoy en día hay analgesia para casi cualquier dolor. Que sí, que aunque estés dando pecho puedes tomar paracetamol, ibuprofeno y nolotil también. Así que no quiero que tengas dolor físico.

El dolor emocional se irá, y se irá solo, y se irá porque así es nuestra naturaleza femenina. En menos de un mes se habrá ido.

Y si en un mes sigue ahí, si empeora; si la angustia sigue oscureciendo tus días, si la tristeza, la falta de energía y el abatimiento es tan grande que eres incapaz ni de cuidar de ti misma, consúltalo con tu pediatra o con tu ginecólogo, estaríamos hablando entonces de una de depresión postparto y esto, ya no es normal.

 Cuando superes este primer mes, porque realmente es un ejercicio de superación, descubrirás el maravilloso y apasionante mundo de la maternidad, y te reconciliarás con esos primeros y oscuros días. Desearás estar con tu hijo a todas horas y volverás a ver a tu marido como aquel hombre del que te enamoraste en su día y con el que decidiste formar una familia.

Hace unos días me hacían una entrevista donde me preguntaban : ¿Qué le dirías a esa madre preocupada, agobiada y estresada para la cual la maternidad es una montaña que cuesta subir?

Y contesté:

Que es una montaña, efectivamente, es una montaña a veces escarpada, a veces fría porque llega el invierno y quizá no lleve la ropa adecuada pero que piense que esa montaña también tiene una ladera hermosa que se llenará de flores en primavera, que disfrutará con sus olores y colores y que sin ninguna duda es y será una montaña maravillosa e irrepetible. ¡Que la viva, que la viva intensamente!

Así que a por ello! Estás a punto de emprender el viaje más apasionante de tu vida y … ¿sabes qué es lo mejor? Que no hay billete de vuelta.

¡Disfrútalo! ¡Vívelo! ¡Siéntelo!

 

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