Lucía, mi Pediatra.

Desde la experiencia de mi profesión y la sensibilidad de mi maternidad.

¿Cómo saber si mi hijo tiene ojo vago?

El ojo vago o ambliopía es el motivo de pérdida de visión más frecuente en la infancia afectando a un 3-4% de los niños y jóvenes. Consiste en la disminución de la agudeza de visual de un ojo sin que exista alteración estructural en ese ojo. Hace unos días os contaba cuándo hay que hacer la primera revisión de la vista con nuestros hijos (os dejo el enlace aquí); pues hoy hablamos de algo que preocupa mucho a los padres: el ojo vago.

¿Por qué el niño pierde visión de ese ojo?

Al cerebro le llegan las imágenes de cada uno de los ojos. Si el cerebro detecta imágenes mucho más nítidas del ojo izquierdo que del derecho, por ejemplo, anulará la señal que recibe del ojo derecho, en este caso del ojo vago, por lo que este, progresivamente irá perdiendo visión al no ser utilizado. Si no se trata a tiempo, el niño permanecerá con un déficit de visión importante en ese ojo durante el resto de su vida.

¿Qué causas provocan ojo vago?

Existen distintas causas que hacen que el niño utilice más un ojo que otro.

  • Estrabismo: si el niño “tuerce” un ojo, el cerebro anulará la señal que recibe de ese ojo y con el paso del tiempo se convertirá en un ojo vago.
  • Miopía, hipermetropía o astigmatismo, lo que llamamos defectos refractivos: Cuando hay una diferencia muy grande de dioptrías entre un ojo y otro, el cerebro anula la imagen borrosa que le llega del ojo afectado y se queda solamente con la del ojo sano.
  • Enfermedades que interfieran en la llegada de la imagen al cerebro, como pueden ser cataratas congénitas, tumores, ptosis palpabral (caída del párpado superior), causas todas ellas mucho más raras en la infancia.

¿Tiene tratamiento?

  • Sí. Aunque debéis saber que cuanto antes se diagnostique mejor. Si el diagnóstico es precoz, antes de los 6-7 años, la recuperación de la visión puede ser completa. Si el diagnóstico se retrasa y se realiza cuando la visión ya está desarrollada, más allá de los 10-12 años, llegamos tarde y las posibilidades de éxito se reducen de forma importante.
  • Por un lado debemos tratar la causa: estrabismo, miopía, astigmatismo, hipermetropía, caída del párpado, etc… y por otro lado hacer trabajar al ojo vago.
  • ¿Y qué mejor manera de hacer trabajar al ojo vago que tapando el sano? A todos os suenan los parches ¿verdad? Pues el objetivo es ese: tapar el ojo sano para que el vago trabaje y le llegue al cerebro las imágenes de ese ojo. De este modo se desarrollará la visión en el ojo que nos interesa. A esto es a lo que se llama tratamiento oclusivo.
  • Los oftalmólogos infantiles además utilizan otros métodos como pueden ser los colirios de atropina que lo que hacen es dilatar la pupila del ojo sano, por lo que la visión será borrosa y el cerebro priorizará el otro ojo, el vago. O en ocasiones se prescriben gafas con graduaciones que no tiene en ese ojo, o filtros penalizadores, para obtener el mismo efecto: que sea borrosa la imagen del ojo sano y de este modo trabaje el vago.

¿Cómo puedo saber si mi hijo tiene ojo vago?

Es importante que sepáis que no es fácil identificarlo en casa porque al ir compensando con el otro ojo, en muchas ocasiones los padres no observamos nada anómalo. Por ello es importante acudir a las revisiones rutinarias de tu pediatra, realizar una primera revisión con el oftalmólogo infantil antes de los 3 años y observar a tu hijo desde bebé. Ningún niño es demasiado pequeño para hacer una revisión con el oftalmólogo infantil, derribemos ese mito. Si en algún momento notas que:

  • Desvía un ojo más allá de los 3 meses de vida.
  • Se acerca mucho a la libreta, a los objetos, a la tele o a la pizarra
  • Desvía la cabeza para mirar fijamente.
  • Parpadear constantemente.
  • Visión borrosa, visión doble y ojos rojos.
  • Dato curioso: los niños con ojo vago no ven las imágenes o películas en 3D (tres dimensiones)

Y por último recalcar que en ocasiones se encuentran artículos en internet o incluso en determinados medios de comunicación con tratamientos “milagrosos” para esta y otras muchas patologías infantiles. Comprendo la ansiedad y preocupación que se genera cuando a uno de nuestros hijos le diagnostican una enfermedad y en un intento de buscar otras soluciones, en ocasiones, caemos en prácticas no avaladas por la comunidad científica que lo único que hacen es perjudicar al niño.

Para terminar os dejo este comunicado de la Sociedad Española de Estrabología y Oftalmología Pediátrica que me gustaría que leyerais AQUÍ y que termina con un contundente “El tratamiento de esta patología es obligación de todos y cada uno de los responsables de la salud y cualquier idea en beneficio de ello es bien recibida, pero desde luego no deben crearse falsas expectativas sobre algunos tratamientos que aún no tienen la adecuada evidencia científica, están contraindicados por Sociedades de prestigio a nivel mundial (Sociedad Americana de Oftalmología, Asociación Americana de Oftalmología Pediátrica y Estrabismo y la Sociedad Americana de Optometría) y desde luego no se deben desacreditar sin fundamento aquellos tratamientos que están perfectamente avalados por los estudios científicos y por la práctica del día a día de los especialistas en oftalmología pediátrica y estrabismo de todo el mundo”

Os dejo este vídeo de la Clínica Baviera que lo explica estupendamente

Dra. Lucía Galán Bertrand.  www.luciamipediatra.com

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