Lucía, mi Pediatra.

Desde la experiencia de mi profesión y la sensibilidad de mi maternidad.

“Estoy hecha de pedacitos de ti”

Querido hijo:

Fue la verde luz que sale de tus ojos que llena de esperanza mi renglón… “ como dice la canción. Porque son tus ojos verdes los que siempre han iluminado mi camino y ahora serán los míos, verdes también, los que iluminen el tuyo en estos días confusos.

Fue tu abrazo añil” el que me emocionó, “fue tu abrazo añil” el que me rompió en dos. Un abrazo que no comprendías, un abrazo con sabor a despedida, un añil salpicado de melancolía.

  • Vuelve pronto, papá…

Eres demasiado joven para hablar de despedidas, a tu edad sólo existen las llegadas, las bienvenidas, las sorpresas, las alegrías… Pero ayer tus verdes ojos se tiñeron del añil de tu abrazo.

Fue la verde luz, la dueña de mis noches” como dice la canción… porque siempre he velado tu sueño, porque aún lo cuido y lo coloreo. Porque anoche cogí el pincel y borré los azules, los grises y los negros; y te llené de luz.

“Esa luz que recompone mis emociones, esa luz…” Esa luz con la que llegaste al mundo. Esa luz que con mis sombras terminó. Esa luz que me hizo una persona mejor.

Y mientras te coloreaba, en el silencio de la noche, de pronto sonreíste. Y recordé las “sonrisas que me regalabas”, porque ¿sabes una cosa hijo?

Que “estoy hecha de pedacitos de ti, de tu voz, de tu andar, de cada despertar, del reir, del caminar…”

Y es por eso que cambiaría todas y cada una de tus despedidas, bebería hasta la última de tus lágrimas, me pondría tu piel en cada abrazo añil para que no lo tuvieras que sentir más.

Y “aunque la noche fue gris”, a la mañana siguiente el sol, como cada mañana, brilló. Y aunque como dice la canción “estoy hecha de pedacitos de ti”, tus trocitos dañados, tus preguntas sin respuesta, tus profundas heridas las guardé en la maleta, en la maleta añil.

Cuando seas más mayor, la abriremos juntos, con papá también y descubrirás que los trocitos, los tuyos, los míos, ya no están dañados; hallarás por ti mismo las respuestas a todas tus preguntas y comprobarás, hijo mío, que las heridas han cicatrizado.

Y esta es la vida, las luces y las sombras, el verde de tu mirada y el añil de las despedidas. Tus trocitos y los míos…

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