Lucía, mi Pediatra.

Desde la experiencia de mi profesión y la sensibilidad de mi maternidad.

Los ahogamientos y el “pero si solo fue un segundo”

Los ahogamientos suponen la segunda causa de mortalidad accidental infantil en menores de 19 años en Europa y en menores de 14 años en España.

Más de 5.000 niños mueren ahogados cada año en Europa.

En España cada año sufrimos la pérdida de 450 personas de todas las edades, entre los cuales, 20-30 de los fallecidos son niños.

  • Nunca dejéis solos a vuestros hijos. Los niños menores de 3-4 años aunque sepan nadar, también se ahogan. Son presa del pánico al caerse al agua y no son capaces de salir a flote. Las clases de natación en ningún  caso sustituyen la supervisión por parte de padres o familiares especialmente en menores de 4 años.
  • La presencia de socorrista ha demostrado disminuir las cifras de ahogamientos, sin embargo esto no implica que abandonemos la vigilancia.
  • Los flotadores más seguros son los chalecos. Evitad los flotadores redondos que usábamos cuando éramos niños, los manguitos o las burbujas de espalda.
  • Se estima que el 80% de los ahogamientos infantiles son prevenibles.
  • La colocación de vallas rodeando las piscinas podrían evitar hasta el 50% de los accidentes

Os presento este clarificador esquema de María Ángeles Miranda (@logieduca) que es experta en prevención de accidentes y seguridad vial. Fundadora y vicepresidenta de la Asociación Nacional de Seguridad Infantil, una organización sin ánimo de lucro dedicada a la prevención de las lesiones en la infancia causadas por accidentes evitables.

ahogamientos piscina

Y ahora tres historias… porque los datos os los sabéis, pero cuando esos datos se convierten en familias, la cosa cambia.

Cuando llegué a Alicante de mi Asturias natal y acudí a la primera reunión de comunidad de mi urbanización, observé atónita como buena parte de la reunión discurrió entre los pros y los contras de poner una valla alrededor de la piscina.

  • ¿Perdón? ¿He oído bien? ¿Habéis dicho contras?- pensé inmediatamente. Al ser la recién llegada decidí seguir escuchando antes de intervenir.

Había escuchado bien: Contras de poner una valla. ¿Sabéis cual era la razón principal por la que un grupo de vecinos no quería ponerla?

Por estética. Según ellos era antiestético.

No daba crédito a lo que oía, pero lo peor estaba aún por llegar. Se sometió a votación. Ingenua de mí pensé que este grupo de “estilistas de urbanización” eran minoría pero que aun siendo pocos, hacían mucho ruido, pero no. Cuál fue mi sorpresa cuando ganaron por goleada: No a la valla y no al socorrista, “que costaba mucho dinero y total, para lo que hacen”.

Sintiéndolo mucho y aún corriendo el riesgo de ganarme el apodo de la oportunista de turno intervine:

  • ¿Antiestético? ¿Estáis hablando en serio? ¿Sabéis que el uso de medidas de protección y barrera es la medida más eficaz para prevenir ahogamientos? ¿Sabías que la segunda causa de mortalidad infantil por accidente en España es justamente esto, que uno de nuestros hijos muera ahogado? Todos los que estamos aquí tenemos hijos pequeños… ¿Estáis seguros de lo que habéis votado?
  • Pues sí- me contestó una madre ofendida- aquí en esta urbanización cada padre vigila a sus hijos. Hemos votado y no hay nada más que decir.

Creo recordar que fue la última reunión a la que asistí. Desgraciadamente los dos veranos siguientes viví tres ahogamientos en el hospital donde trabajaba:

  • El primer caso fue en el mar. Sí, en el Mar Mediterráneo, ese que dicen que es tan tranquilo y que no hay olas y que en nada se parece al traicionero Mar Cantábrico. Allí mismo, en la orilla. Dos años. No pudo celebrar ningún cumpleaños más.
  • El segundo caso fue en una bañera: madre con 3 hijos. Hora del baño. Los bañó a los tres a la vez. Al sacarlos del agua, sacó primero a uno, luego a otro y por último al tercero, 17 meses. Cuando estaban los tres fuera con sus pequeños albornoces, sonó el teléfono y la madre fue a contestar. “Ahora no puedo hablar, luego te llamo”. Al volver, el hijo pequeño se había asomado a la bañera aún con agua, a coger uno de los juguetes. Nadie se acordó de quitar el tapón… No lograron salvarse ninguno: ni el juguete, ni el niño. Dramático. Devastador. Me pongo en la piel de esta madre y me falta el aire.
  • Y el tercer caso fue un niño de 3 años, en la piscina de la urbanización. Final feliz. Salvó la vida. Y la salvó no su madre, ni su padre, sino un vecino que nadaba en la piscina en esos momentos y que alcanzó a sacar al niño con la inmensa suerte que además tenía conocimientos en reanimación cardiopulmonar y lo sacó adelante. Creo que esos padres no tendrán vidas para agradecerle lo que hicieron por ellos. Tras un par de días ingresado porque sus pulmones no terminaban de oxigenar adecuadamente, regresaron a casa, sanos y salvos, a su urbanización sin la antiestética valla.

Y como estos, muchos casos: en piscinas privadas mientras los invitados toman el aperitivo y el pequeño de la casa se escapa, en parques acuáticos, en playas abarrotadas de gente, en bañeras… en todo lo que contenta agua, aunque sólo sea un palmo.

Pero lo más dramático de todo esto es que cada verano, cada año por estas fechas, cuando vivimos estos casos ¿Sabéis lo que siempre nos dicen sus padres rotos de dolor?

  • Pero si solo fue un segundo.

Un segundo es lo que hace falta para perderles de vista, contestar un mensaje de Whatsapp, una llamada de teléfono, un par de besos a esa persona que hace tanto que no ves… Un segundo, tan solo un segundo.

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