Lucía, mi Pediatra.

Desde la experiencia de mi profesión y la sensibilidad de mi maternidad.

Y llegó el día de la madre…

Y llegó el día de la madre, pero antes de ser madre eres hija y seguiré siendo hija el resto de mi vida.

“Como te ves, me vi. Como me ves te verás” – me decías cuando siendo yo una adolescente resabiada me enfrentaba a ti.

Ahora soy madre y no hay nada que desee más, mamá, que se cumplan tus palabras, que llegue a ser como te veo. Que alcance los 60 años con el optimismo y la sensibilidad que emanas. Que tenga la determinación, la capacidad de lucha y la fortaleza que tú tienes.

¿Cómo lo has hecho, mamá? Explícamelo…

Criada en una familia con 12 hermanos y régimen “militar”. Casada a los 19 años y siendo madre a los 20. Estudiando en la Universidad en los ratos libres entre toma y toma y entre pañal y pañal, mientras el resto de tus compañeros salían de marcha y vivían intensamente. Lo tenías tan claro. ¡Yo quiero ser madre joven!

Para ti vivir la vida con intensidad era justamente eso: construir una familia con unas bases sólidas e inquebrantables. Porque así eres tú mamá, inquebrantable. Pero al mismo tiempo muy consciente de tu realidad, de tu necesidad de explorar el mundo de las emociones desde el mismo instante en el decidiste ser madre. Y lo hiciste, y no sólo lo hiciste, sino que lo lograste.

Forraste nuestra casa de libros y mi alma de sabiduría.  Aún no he conocido a nadie que lea cómo tú lo haces. Aún hoy leo con lápiz en mano apuntando notas en los márgenes como siempre has hecho tú. Aún hoy escribo la fecha y el lugar donde compro los libros en tu recuerdo.

Perseguidora incansable de sueños. Madre amorosa, trabajadora y luchadora. Y ahora, Doctora de Historia y profesora de la Universidad. ¡Qué orgullosa estoy de ti, mamá!

mama y yo, ,lucia mi pediatraRecuerdo, como durante una época de mi infancia llegabas tarde a casa del trabajo y al encontrarme ya dormida, me escribías una carta contándome tu día y la escondías en nuestra cajita secreta (un hórreo de madera) ¿Lo recuerdas? Al levantarme por la mañana, cogía la carta sin que me viera mi hermano y me encerraba en el baño a leerla. Cuando me sentaba a desayunar nos mirábamos con una complicidad como ya nunca encontré en nadie. Deseaba tener un ratito para contestarte y dejarte mi correspondiente carta en el mismo lugar…a la espera de ser leída esa misma noche por ti.

Contigo aprendí a dibujar nuestros deseos en una bonita libreta, a visualizar, a imaginar, a fantasear, y… a soñar.

Sospecho que siendo yo muy niña experimentabas conmigo distintas técnicas de relajación y te servía de conejillo de indias para poner en práctica lo que ya empezaba a oírse por ahí como: “Inteligencia emocional”. Nadie sabía de lo que hablabas. Yo sí. Y funcionó, ¿sabes? Mira a dónde he llegado, yo misma hablando de inteligencia emocional 30 años después…

Y a pesar de ser poseedora de una lista inagotable de sabiduría, sensibilidad, optimismo, valentía y capacidad de lucha… ¿sabes que es lo que más me gusta de ti? ¿Sabes lo que me sigue asombrando cada día?

Tu inocencia. Hace tiempo escribí un artículo la edad de la inocencia, hablando de mi hijo mayor y de esa maravillosa, casi mágica inocencia que tienen los niños y que ojalá no perdiesen nunca. ¿En qué momento la pierden?

Mamá, tú no la has perdido. ¡Tú lo has logrado! Se mantiene viva dentro de ti y aflora por cada poro de tu blanca piel y por cada rayo de luz de tus ojos cristalinos… ¿Cómo lo has hecho, mamá? Sin lugar a dudas, esa inocencia en una mujer preciosa como tú eres; inteligente y sabia, como pocas mujeres he encontrado en mi camino; sensible y soñadora, te convierten en un ser único e irrepetible.mama, lucia mi pediatra

   “Como te, ves me vi. Como me ves, te verás”

 

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