Lucía, mi Pediatra.

Desde la experiencia de mi profesión y la sensibilidad de mi maternidad.

“Mamá, Papá: no me digáis que no pasa nada”

Mamá, no me digas que no pasa nada, no me lo digas más. Sí pasa, a mí sí me pasa. Quizá no me pasan tus cosas, ni tengo tus problemas los cuales ni me imagino, ni siquiera me interesan demasiado; quizá para ti sea una tontería pero ¿sabes qué mamá? Que para mí es importante.

¿Qué te hace pensar que lo que yo siento no es nada? ¿Qué como soy más pequeño he de sentir menos? Pues no, mamá, siento igual o incluso más intenso que tú.

¿O es que acaso cuando vacunan a un bebé, a este le duele menos el pinchazo que a su madre por ser mayor? No; es probable que le duela más. Porque no sabe lo que es, porque no ha pasado por ello las veces necesarias para dejar de tener miedo, porque no está acostumbrado al dolor, ni sabe gestionarlo; porque lo vive como una agresión… por todas esas razones y seguro que por muchas más, mamá.

“Eso es una tontería” – me dijiste anoche.

“Mañana se te habrá olvidado”- sentenció papá.

Pues mirad lo que os digo a los dos, es probable que para ti esto sea una tontería, pero para mí no lo es. Y mira, papá, no sé si mañana se me habrá olvidado o no, pero esto es lo que siento ahora.

No me encuentro bien. Me duele la barriga. No puedo comer.

Que sí, que ya sé que me vas a decir que eso son nervios.  ¿Y qué mamá? Me duele. ¿Me oyes? ¡Me duele!

¿Me puedes ayudar en lugar de menospreciar mis sentimientos?

¿Puedes aceptar lo que yo siento, lo que vivo y cómo lo vivo?

Mis sentimientos son tan válidos como los tuyos, ¿sabes? Aunque tengas 20, 30 o no sé cuantos años más que yo.

Si no he cumplido los 20, ni los 30, ni los 40, ni mucho menos los 50, ¿cómo pretendes que sienta como tú lo haces? No he pasado por todo lo que tú has vivido, ni me he pasado años y años estudiando. No he tenido tus amores ni he sufrido tus desamores; tampoco disfruté de tus triunfos, ni lloré tus fracasos… ¿De verdad me estás pidiendo que lo vea como tú lo ves? ¿Y eso cómo se hace?

El niño de 3 años que empieza el colegio por primera vez lo pasa mal, claro que lo pasa mal, aunque vosotros digáis “no pasa nada”. Él, eso, no lo sabe. Tiene miedo.

La niña de 6 años que ingresa en un hospital está aterrorizada, le acaban de sacar sangre y no sabe si se lo van a hacer más y más veces. Aunque le digas “es por tu bien” ella no lo entiende. También tiene miedo.

A mi vecino de 11 años que se enfrenta a un examen de una asignatura difícil y que esa noche no ha podido cenar, ni siquiera ha podido desayunar porque le duele la barriga…no le digas que es una tontería, que va a hacer muchos exámenes así a lo largo de su vida. Él, eso, tampoco lo sabe. Él está aquí y ahora pasándolo mal.

A nuestra prima Laura que acaba de cumplir los 16 y que ayer la vistéis llorar en su habitación porque había roto con su novio, no le digas que hay muchos chicos en el mundo. No es eso lo que necesita. Está sufriendo, está sintiendo, está triste y abatida. No le digas lo que tú harías. No le soluciones la vida. ¿Recuerdas tú, papá, la primera vez que te rompieron el corazón? ¿Y tú mamá, recuerdas tu primer amor? Ahora quizá la entendáis mejor.

¿Y Roberto que cuando estaba a punto de irse a Londres a pasar el verano decidió que no quería ir? ¿Por qué le machacáis? ¿Por qué le decís que se equivoca? ¿Podéis escuchar antes el por qué de su decisión, de sus sentimientos y de sus miedos?

Adolescente

Papá, no le quites importancia a las palabras de tu amigo cuando te dice minutos antes de convertirse en padre que está asustado. No le digas: “Venga hombre, que por ahí hemos pasado todos”. Eso a él no le ayuda…

Mamá, no te rías cuando tu amiga se queje una y otra vez de lo poco que duerme con su recién nacido y de lo duro que es la lactancia materna al principio. Sí, ya sé que tú has pasado por ello ya varias veces, por eso precisamente deberías entenderla mejor que nadie y apoyarla en todo lo que esté de tu mano, en lugar de decirle: “Bueno, chica, esto ya pasará, lo peor viene después, ya verás…” ¿Crees de verdad que eso le ayuda?

Papá, tú eres médico, escucha a tus pacientes cuando te confiesen entre líneas que sienten miedo, sé que tú lo tienes todo bajo control, y que son muchos los que te lo dicen al cabo del día, pero el que tienes ahí delante, en ese momento, es una persona única que muy probablemente esté pasando por esto por primera vez en su vida. Que quizá lleve esperando semanas por esta cita, imaginando lo que te va a decir, lo qué tú le vas a decir…. Escúchale y acompáñale en el proceso. Legitimiza sus sentimientos y ayúdale a confiar en ti, como si fuese la primera vez para ti también.

Mamá, papá os quiero y porque os quiero os digo esto:

  • Primero: Antes de decirme “no pasa nada”: callad. No digáis nada. Callad. Solo escuchadme. Escuchad atentamente todo lo que os tengo que contar.
  • Segundo: a continuación, no me digáis lo que va a suceder. ¿Tenéis una bola de cristal? ¿o qué? No quiero saber lo que va a suceder, quiero que estéis. Que estéis a mi lado. Que estéis presentes.
  • Y tercero: Sentid. Sentid lo que yo siento, o al menos intentadlo.

Consuélame, cálmame, acaríciame. Quizá sólo necesite eso, mamá.

Quizá con tu abrazo y tu “te comprendo, yo también pasé por algo parecido” es suficiente, papá.

¿Qué me decís? ¿Lo intentamos?

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© 2016 Lucía, mi Pediatra.