Lucía, mi Pediatra.

Desde la experiencia de mi profesión y la sensibilidad de mi maternidad.

Mi hijo tiene un soplo

Hoy en Saber Vivir hemos hablado de los soplos, los inocentes y los patológicos con un invitado de excepción, el pequeño Lucas y su hermano Alain que de mayor quiere ser cardiólogo para ayudar a su hermano pequeño. venían junto a su madre Elvira y la Fundación Menudos Corazones. Aquí os dejo el vídeo:

Niño de 5 años al que su pediatra le ha visto docenas de veces. Tras una visita a urgencias la noche del jueves porque llevaba varios días con fiebre, de pronto, el pediatra de guardia le dice:

  • No se preocupe, pero su hijo tiene un soplo.

¿Qué ocurre entonces? Que saltan todas las alarmas.

Elvira con Lucas y Alain

-¿¡Un soplo!? ¿Al corazón? ¿Qué no me preocupe? Pero… ¿cómo no me ha dicho antes mi pediatra que tenía un soplo? ¿Y eso puede ser algo malo?

Lo he escuchado casi tantas veces como lo de: “Mi hijo tiene los mocos verdes, a ver si va a necesitar un antibiótico”.

Pues bien, hoy vamos a aclarar algunos conceptos.

Los soplos inocentes en la infancia son muy frecuentes. Más de la mitad de los niños a lo largo de su infancia lo presentarán en un momento determinado de su vida.

El soplo no es más que un ruido que hace la sangre al pasar por el corazón o por los vasos que le rodean.

  • Es como escuchar el agua correr por las tuberías- les explico yo a mis pacientes- y aunque oigas el agua correr no significa que la tubería esté estropeada ¿Verdad? No necesariamente.

Este tipo de soplos se llaman inocentes, por eso mismo, porque son INOCENTES. Bravo por quien se le ocurrió nombrarlo así, ya solo escuchando el nombre parece que uno se queda más tranquilo. No como cuando te dicen que tu hijo tiene un Coxackie ¿verdad? que en realidad es la Enfermedad de mano-pie-boca pero dicho con la palabreja parece que el malo malísimo de Juego de Tronos va a salir del cuerpo de nuestro hijo y va a empezar a cortar cabezas.

¿Y qué hacemos ahora?

El pediatra de urgencias ya le habrá explicado a la madre, o al menos eso esperamos el resto de compañeros, que este tipo de soplos son muy frecuentes, sobre todo en estados de fiebre o de aumento de actividad. Que no debe preocuparse y que lo único que debe hacer es consultar con su pediatra de cabecera.

Al llegar a la consulta de tu pediatra, le auscultará y quizá ya no esté el soplo. Quizá haya desaparecido la fiebre y con ella, las turbulencias que provocaba la sangre al pasar más acelerada de lo habitual por el corazón. O quizá persista ahí y se escuche perfectamente. Explorará a tu hijo detenidamente palpándole también los pulsos.

Los soplos se diagnostican auscultando, auscultando muchos niños. Con los años los pediatras aprendemos a diferenciar los soplos inocentes de los que pueda que no lo sean y enmascaren una cardiopatía. Porque efectivamente en un porcentaje bajo de casos existe patología cardíaca que debe ser diagnosticada y estudiada.

Si el niño no es un lactante, es un niño más mayorcito, os preguntaremos si tiene síntomas tales como:

  • Fatiga
  • Dolor en el pecho al correr
  • Síncopes, mareos, palpitaciones, sudoración…
  • Si hay antecedentes de muertes súbitas en la familia, muertes antes de los 50 años, antecedentes de enfermedades del corazón en niños o en adultos.

Si es un lactante pequeño además insistiremos en:

  • Incidencias durante el embarazo, el parto.
  • Si come bien.
  • Si se fatiga con las tomas, si se pone pálido o muy sudoroso mientras come.
  • Si su curva de peso es adecuada a su edad, si está engordando y creciendo como corresponde.

En el 98-99% de las ocasiones no habrá ninguna enfermedad detrás que justifique alarma ninguna y se diagnosticará de “soplo inocente”. La frecuencia actual de cardiopatías congénitas, es decir, niños que nacen con un problema cardiaco es de 8 de cada 1000, en ellos, evidentemente el soplo que presenten no lo podremos denominar inocente, sino patológico.

El soplo inocente tiene un pico máximo de incidencia en torno a los 5-6 años y normalmente en la adolescencia desaparece. A veces sólo se hacen audibles cuando tienen fiebre o ante ejercicio intenso.

¿Hay que hacer alguna prueba?Lo mejor de nuestras vidas

Siempre que el pediatra lo considere y albergue dudas, se solicitará una Ecocardiografía realizada por un cardiólogo infantil, que es un pediatra especializado en cardiología. Es una prueba indolora, no emite radiación y nos da una información muy valiosa de la estructura y anatomía del corazón así como de su funcionamiento. Recomendada especialmente en los neonatos o lactantes donde el riesgo de cardiopatía es más elevado que en los niños más mayores.

Si la eco es normal, no precisará de más estudios ni controles. Corazón normal en niño sano y punto. No hay que ir al cardiólogo cada año a felicitarle las fiestas ni debemos generar tal ansiedad a los padres. ¿La ecografía es normal? ¿El cardiólogo te ha dicho que es un soplo inocente y que no le des más vueltas? Pues despídete de él y la próxima vez que lo veas, que sea en el parque mientras vuestros hijos se pelean por subir al columpio.

Tu pediatra te explicará esto tantas veces sean necesarias, pero, estoy segura porque a mí me pasa cada vez, que antes de salir por la puerta, dirás:

  • Pero… una última pregunta:

    ¿Puede hacer una vida normal?

¿Cuál creéis que es la respuesta?

Sí. Puede hacer una vida normal. Debe hacer una vida normal. Cierra el capítulo y a otra cosa mariposa

Con soplo inocente o sin él ¿deben realizarse algún estudio los niños que hacen deporte para prevenir la muerte súbita cardíaca? 

La incidencia de muerte súbita cardíaca en menores de 35 años varía entre 0.3-3.6/100.000 personas y año con un predominio claro de hombres frente a mujeres. Además el deporte de competición aumenta 2.5 el riesgo de muerte súbita en adolescentes y adultos jóvenes al actuar como desencadenante de parada cardíaca con anomalías cardiovasculares de base.

Es fundamental para nosotros hacer una buena historia clínica porque el 40% de las muertes por muerte súbita cardíaca tienen un antecedente familiar de muerte de origen cardíaco en menores de 50 años. 

La Sociedad Española de Cardiología Pediátrica y Cardiopatías congénitas (SECPCC) y el Consejo Superior de Deportes (CSD) han elaborado una “Guía clínica de evaluación cardiovascular previa a la práctica deportiva en pediatría” avalada por las principales sociedades científicas que recomienda incluir a niños entre 6-18 años que practiquen deportes de competición: Evaluación inicial con cuestionario, exploración física (peso, talla y tensión arterial) y un electrocardiograma. Será el cardiólogo infantil el encargado de decidir si precisa de más estudios y pautar las reevaluaciones que como normal general serán cada 2 años.

Lo cierto es que aun con todo no se excluye al 100% la posibilidad de tener alguna patología grave aunque con la implantación de este tipo de programas se pretende disminuir el riesgo de muerte súbita cardíaca.

 

Dra. Lucía Galán Bertrand.  www.luciamipediatra.com

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