Lucía, mi Pediatra.

Desde la experiencia de mi profesión y la sensibilidad de mi maternidad.

Mi hijo no come…

  • Estoy desesperada, mi hijo no come nada. Ya no sé qué hacer. Pierdo los nervios todos los días al ver los platos enteros de comida que tiro a la basura …

Es uno de los motivos de consulta más frecuentes. “El que duerme bien, come mal, y el que come mal duerme bien”- dicen algunas madres.

Las más desafortunadas tienen niños que ni comen ni duermen. Os comprendo. Llega un momento en que la crianza se hace tan cuesta arriba que no es que no veas la salida, es que ni siquiera ves el camino por donde debes caminar.

Este es un tema muy amplio y en ocasiones, complicado. Voy a partir de la base de que hablamos en todo momento de niños sanos que aunque delgaditos, no tiene ningún problema de salud, incluso sus pediatras ya les han dicho a los padres que es un niño menudito, que sigue su curva aunque siempre está por debajo de la media.

Y efectivamente, la inmensa mayoría de las veces nos encontramos ante niños delgados pero fuertes y sanos. Son niños que nunca han estado en percentiles altos de peso pero sin embargo tampoco se han desviado de su curva de forma alarmante. Quizá estén en un percentil 3 ó 15. ¿Es el caso de tu hijo?

Pues bien, estos niños no es que no coman nada, sino que no comen todo lo que a las madres les gustaría que comiesen.

¿Qué necesita la madre? La madre necesita que su hijo coma. Lo necesita porque si no se preocupa, pierde los estribos cada noche, piensa que va a enfermar, que no va a crecer, que quizá tenga alguna enfermedad.

Y el niño ¿Qué necesita? Vamos más allá ¿qué necesita el niño para comer? ¿Necesita ver la tele? ¿Necesita jugar con sus coches mientras está en la mesa? ¿Necesita un castigo para que abra la boca? ¿Necesita ver a su madre llegar al límite incluso traspasarlo muchas veces ante su negativa?

No; es mucho más sencillo. El niño para comer solo necesita tener una cosa: hambre.

Mi niño no come

  • Así que primer punto: Si tu hijo es “mal comedor” y quieres que coma aceptablemente a la hora de la cena; no le des una merienda abundante basada en zumos envasados, bollería o galletas. Un zumo envasado a las siete de la tarde es más que suficiente para que no pruebe bocado a la hora de la cena además de aportarle una cantidad exagerada de azúcar que no necesita. Merienda ligera: Una pieza de fruta a trocitos o una tostada de pan con jamón, por ejemplo.
  • Segundo punto: Si se niega a merendar, no habrá comida hasta la cena. Recuerda: ¿Qué necesita tu hijo para cenar? Hambre. Y por supuesto NO LE OBLIGUES A COMER. Ni le abras la boca a la fuerza, ni le castigues si no come. Si le obligas, conseguirás el efecto contrario: Un rechazo total y absoluto hacia la comida.
  • Tercer punto: Cuando vas a un restaurante te gusta que te presenten las cosas de una forma bonita y apetecible ¿Verdad? A los niños también, no le subestimes. Prepara los platos atractivos; los niños también comen por los ojos. No le des de comer a tu hijo lo que tú no te comerías.
  • Cuarto punto: Si tuvieses que probar algo por primera vez ¿Qué prefieres: una montaña hasta arriba de ese alimento nuevo, o una muestra pequeña, un delicatessen? Raciones pequeñas, en plato de postre. No le pongas una pirámide de acelgas en un plato más grande que su cuerpo. Eso desanima a cualquiera.
  • Quinto punto: A los niños les gusta negociar, aunque a nosotros nos ponga nerviosos. Entra en su juego: “Negocia”. Cada día ha de probar algo nuevo, pues bien, si su plato preferido son los macarrones y tú quieres que pruebe la merluza que acabas de preparar con mimo; le pondrás dos platos de postre encima de la mesa, uno delante de él y otro a continuación; que él los vea. En el primero habrá 3 trocitos de merluza, y cuando digo 3 son 3, ¡no la merluza entera con cabeza y espina! Y en el plato que tiene enfrente le pondrás sus adorados macarrones como a él más le gustan.
  • Cariño, si te comes estos tres trocitos de merluza, podrás comerte el plato de macarrones- le dirás con la mejor de tus sonrisas.

Si prueba: ¡Estupendo! Se trata de que pruebe. No te preocupes tanto de la cantidad, es mucho más importante que lo haya entendido y ¡que pruebe! ¡Dale valor a la experiencia y no tanto al resultado final! Está demostrado que si un mismo alimento pasa por nuestra orofaringe 10 veces, termina por gustarnos. ¿Qué ocurre la primera vez que probaste una copa de alcohol? A nadie le gusta; lo mismo ocurre con el vino, con la cerveza y con los alimentos. Una vez se prueban repetidas veces, nuestro cuerpo los empieza a reconocer y termina por aceptarlos, incluso por disfrutarlos.

Si no lo prueba, no habrá macarrones. Repito: No habrá macarrones. Por supuesto no habrá lechita antes de dormir, ni nada que se le parezca. E inisisto: no le fuerces ni le obligues a comer.

No alargues este momento más de media hora. Si en media hora no lo has conseguido le dirás:

  • ¿No quieres comer? Bueno, tranquilo, mañana volveremos a intentarlo. Ale, cariño, vámonos a dormir- y le acariciarás, incluso le besarás la frente. Le llevarás a la cama, le contarás su cuento como corresponde y te comportarás como si nada hubiese pasado.

Tu hijo alucinará en colores. “Han cambiado a mi mamá”- pensará.

Le acostarás sin cenar y no le pasará nada. A ningún niño con comida a su alcance le pasa nada por no cenar unas cuantas noches. Cuando tenga hambre, comerá. Es lo único que necesita, tener hambre.

Y esto lo repetirás las veces que sea necesario hasta que empiece a probar los 2,3 trocitos que le pondrás cada día del alimento nuevo con el importante estímulo del plato que más le guste enfrente. Te aseguro que si te mantienes firme, no claudicas, no pierdes la paciencia ni descargas tu frustración o enfado sobre él, lo conseguirás.

Y una cosa más, respeta sus gustos: si odia la coliflor pero le gusta el brócoli, no le castigues. Si prefiere la pera a la manzana, compra peras… Los niños, aunque sean pequeños, también tienen sus gustos y sus preferencias.

¿Lo intentamos?

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