Lucía, mi Pediatra.

Desde la experiencia de mi profesión y la sensibilidad de mi maternidad.

Terrores nocturnos, pesadillas, sonambulismo ¿Qué hacer?

Hoy en Saber Vivir hemos hablado de muchas cosas: el dramático caso de Gabriel, de cómo gestionar ese exceso de información que en ocasiones llega a nuestros hijos, de cómo incluso hablarles de la muerte, de cómo este tipo de acontecimientos pueden afectar a su día a día y del sueño, su sueño: las pesadillas, los terrores nocturnos, qué hacer ante ellos y como evitar que afecten a su vida. Aquí os dejo el vídeo.

Y hablando de sueño, ¡Qué duro se hacen los primeros años! ¿verdad? Recuerdo aquella etapa de mis hijos con pavor, sinceramente; como os contaba en “Lo mejor de nuestras vidas”, donde dedico un amplio capítulo a este tema, llega un momento en la crianza de tus hijos que el dormir se convierte en una auténtica necesidad vital. Ahora, afortunadamente estoy en otra etapa; todo llega. 

Los terrores nocturnos, las pesadillas y el sonambulismo forman parte de lo que los médicos llamamos “parasomnias” y se presentan en el desarrollo normal de los niños. Lo presentan el 17% de los niños y un 4% de los adultos. Por tanto, primer mensaje de tranquilidades: La inmensa mayoría de las veces son normales y desaparecerán con el tiempo.

Aun así cuando los episodios son muy llamativos o violentos siempre es conveniente consultar con el pediatra para descartar patología. En determinadas ocasiones habrá que derivarlo al especialista para realizar un estudio del sueño (polisomnografía con vídeo)

¿Qué son las pesadillas?

Son episodios desagradables y angustiosos que se producen durante el sueño REM. Se pueden presentar en cualquier momento de la noche aunque es más frecuente en el último tercio.

El niño se despertará asustado, sudoroso, taquicárdico y con ansiedad. ¿Quién no ha tenido pesadillas? ¿Verdad? Además recordará todo lo sucedido al detalle incluso creerá que ha ocurrido en la vida real. Nos resultará fácil despertarles aunque lo complicado a veces es conseguir que se vuelvan a dormir por el miedo a que se vuelva a presentar.

¿Qué podemos hacer ante una pesadilla?

  • Acudir en su ayuda, por supuesto, e intentar despertarle suavemente con palabras de cariño y caricias. El pico máximo de las pesadillas se produce entre los 4 y los 8 años, “la edad de los miedos”.
  • No le preguntes qué ha soñado, guarda tu curiosidad en el cajón, eso no le ayudará y reforzarás el miedo.
  • Si es él el que te da los detalles, yo utilizo un truco: Ridiculizar al causante de la pesadilla. Es decir, si ha soñado con un monstruo de tres cabezas que entraba por la ventana, le digo: ¡Mira, si está vestido de flamenco y está bailando una jota! –Y nos empezamos a reír las dos- y ahora seguro que bajará a la cocina y nos preparará el desayuno mientras canta la canción de Enrique Iglesias (yo quiero estar contigo, vivir contigo, bailar contigo…) – y nos reímos todavía más.

¿Y los terrores nocturnos?

La prevalencia estimada es mucho menor que las pesadillas, de hecho solo se presenta en un 1-5% de niños en edad escolar. Es típico a los 3-4 años aunque a veces se reproducen a los 5-6 años o incluso más.

Los terrores nocturnos son episodios de terror, de auténtico pavor que se producen en fase No-REM del sueño, generalmente en el primer tercio de la noche en el que, de pronto, oiréis a vuestro hijo gritar de forma súbita.

Probablemente son las parasomnias más angustiosas y “violentas” de todas. Cuando acudís a su habitación lo veréis con los ojos abiertos (aunque está profundamente dormido), gritando, incluso se mostrará agresivo. Las manifestaciones son mucho más llamativas que las de las pesadillas.

Si de verdad lo habéis vivido habréis comprobado que el niño está “poseído”. De hecho, al acercarte a él no es raro que te lleves un manotazo o una patada. ¡Cuidadín!

El niño, a diferencia de en las pesadillas, no recordará absolutamente nada de lo sucedido lo cual te parecerá imposible porque cuando haya acabado todo, tú estarás al borde del infarto y la que no pegarás ojo serás tú recordando a “la niña del exorcista”

Los episodios son breves, no suelen durar más de 10 minutos, aunque a ti te parezca que ha sido media noche. Es muy difícil despertarles, de hecho, está desaconsejado.

Hay más probabilidad de tenerlos en épocas de estrés, de malos hábitos de sueño, de enfermedad o junto con fiebre. En mi caso, cuando alguno de mis hijos tiene fiebre, ya doy por hecho que me pasaré parte de la noche en un “ay” constante… Los gritos que dan cuando empieza el episodio me hacen saltar de la cama de un brinco. Además, aquí en esta casa hay para todos: mi hija con pesadillas y mi hijo cuando era pequeñito empezamos con los terrores nocturnos y ahora nos adentramos en el “maravilloso” mundo del sonambulismo.

Entonces si mi hijo tiene terrores nocturnos ¿qué hago antes de que los vecinos llamen a la policía?

  • Acércate con suavidad, no intentes razonar con él, simplemente has de velar por su seguridad y porque no se haga daño.
  • No le despiertes, mantén la calma; ahora ya sabes lo que es.
  • En las guías recomiendan: no intervenir. No hacer nada. En ocasiones nuestra intervención puede empeorar las cosas.
  • Cuando haya terminado, acuéstale nuevamente, dale un beso de buenas noches y a dormir
  • Si se hacen muy largas en el tiempo o los episodios son muy violentos y llamativos, no dudéis en comentarlo con el pediatra quien en casos puntuales quizá tenga que derivarlo o realizar un estudio del sueño para descartar fundamentalmente crisis epilépticas, aunque tranquilos, esto no es lo habitual ni mucho menos.

¿Qué hay de mito y qué de realidad en cuanto al sonambulismo?

El sonambulismo es una parasomnia del sueño No REM (como los terrores nocturnos) con una prevalencia del 15% entre los 3 y los 15 años.

El niño sonámbulo se levanta de la cama en la primera parte de la noche, al iniciar el sueño, con los ojos abiertos y la mirada fija. A veces el niño simplemente realiza movimientos de brazos y piernas pero en ocasiones se levantan y hacen automatismos ya aprendidos como abrir y cerrar puertas o ventanas, vestirse y desvestirse, entrar en la cocina, encender la tele, bajar escaleras, etc…

Ojo; aquí la familia debe garantizar su seguridad ante todo y prevenir posibles accidentes evitando que durante la noche tenga acceso a ventanas, escaleras, cubiertos, herramientas…

¿Es verdad aquello que dicen que es peligroso despertar a un sonámbulo?

No es recomendable ni hablarles, ni despertarles, efectivamente. Corremos el riesgo de que se agiten aun más y lesionen a los que están con él o a él mismo. Cualquier intento de despertarle puede empeorar su agresividad. Las mismas recomendaciones de los terrores nocturnos se aplican al sonámbulo. Lo ideal es vigilarle, reconducirle muy suavemente hasta su habitación y esperar a que él solo se relaje y vuelva a su cama. Al día siguiente no recordará nada de lo sucedido. Tampoco tiene demasiado sentido recordárselo porque les puede generar ansiedad al no tener el control de su cuerpo mientras duerme, especialmente cuando ya son más mayores. Y os lo digo con conocimiento de causa porque partida doble:

  • Yo fui sonámbula y me daba miedo quedarme a dormir en casa de alguna amiga por si acaso me levantaba por las noche y armaba alguna de las mías. Treinta años después me toca vivirlo desde el otro lado, desde el lado de madre ya que mi hijo mayor lo ha heredado, El 60% de los niños sonámbulos tienen un antecedente materno o paterno. Mi madre también era sonámbula.
  •  No os quiero ni contar el yuyu que da de repente escuchar ruidos en la planta de abajo, despertarte, llamar, no oír voces pero sí ruidos, bajar temblando y encontrarte a tu hijo descolgando los cuadros del salón. O estar plácidamente dormida y de repente notar la presencia de alguien muy cerca de tu cara, abrir los ojos y encontrarte la cara de tu hijo con los ojos abiertos como platos, serio como jamás le hayas visto y a dos centímetros de tu cara.

 ¿Puedo hacer algo para evitar que sucedan con tanta frecuencia?

  • Es muy importante mantener una adecuada rutina del sueño, acostarse temprano si al día siguiente hay que madrugar y explicarles a los niños cual es la hora de irse a la cama todos los días. La falta de sueño crónico es el mayor desencadenante de las parasomnias.
  • El consumo de grasas en la cena aumenta la probabilidad de parasominas No REM, es decir de episodios de sonmabulismo y terrores nocturnos en niños predispuestos, así que ya lo sabéis, a disminuir el aporte de grasas en la cena si queremos descansar tranquilos. Además, en el resto de la población, las cenas ricas en grasas saturadas agravan el insomnio.
  • ¿Y para dormir mejor? Nuestras madres tenían razón cuando nos decían aquello de “un vasito de leche y a la cama”. La leche es un liberador de triptófano (precursor de la melatonina) que ayuda a inducir el sueño. ¿Por qué creéis que los bebés en cuanto maman, caen rendidos, exhaustos a veces? La lactancia materna además del gustito que les da, posee altas concentraciones de triptófano sobre todo el calostro, que induce el sueño.
  • Evitar televisión, videojuegos y pantallas antes de dormir. La estimulación lumínica no solamente inhibe la producción de la melatonina (hormona del sueño) retrasando el sueño sino que esa sobrexcitación puede empeorar las parasomnias. Es curioso como los padres les dan la Tablet a los niños para que se relajen mientras cenan cuando esta es una práctica totalmente desaconsejada en el sueño infantil. Debemos recuperar la costumbre del libro en papel…
  • Intentemos acostarnos de una forma relajada y tranquila. Léele un cuento, cuéntale historias, ráscale la espalda, cántale una nana o haceros un masaje en los pies… ¿A quién no le gusta despedir el día así? Regálale ese momento que sin ninguna duda con pesadillas o sin ellas, recordará toda la vida.

Hasta la próxima.

Dra. Lucía Galán Bertrand.  

www.luciamipediatra.com

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Bibliografía interesante si quieres profundizar más en el tema:

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