Lucía, mi Pediatra.

Desde la experiencia de mi profesión y la sensibilidad de mi maternidad.

Tu hijo y las nuevas tecnologías ¿Lo has pensado bien?

Este fin de semana salí a comer con mi familia. Mesa para cuatro en un restaurante al que nos gusta ir, entre otras cosas, porque no suele haber demasiada gente y eso nos permite disfrutar de la comida sin ruidos ni gritos. A mi hija pequeña lo del ruido no parece afectarle demasiado, a mi hijo mayor y a mí definitivamente sí, somos “auditivos” que dirían los conocedores del PNL (Programación Neurolingüística).

Cuando nos disponíamos a empezar a comer de pronto empezamos a escuchar a todo volumen una música que era como si hubiesen juntado a un circo entero de payasos, a Doraimon borracho y a Dora la exploradora celebrando su despedida de soltera. Me di la vuelta disimuladamente, mi hijo no disimuló tanto… y me encontré con un niño que no llegaba a los 20 meses, sentado en una trona, rodeado de toda su familia que comía animosamente.

Mientras ellos comían y reían, el niño sujetaba en sus pequeñas y redonditas manos un móvil. Su mirada fija, ausente y carente de toda emoción, clavada en la pantalla pestañeando a un ritmo frenético, me impactó como una bala directa al corazón.

La música de aquel teléfono de aquella mesa, sonaba tan alto que no nos escuchábamos entre nosotros.

A esa familia no parecía importarle que: Primero, su hijo no estuviera integrado en la mesa con el resto de su familia. Segundo, no comiera ni una cucharada de lo que los demás comían. Tercero, ese sonido atronador pudiera molestar al resto de personas que estábamos en el restaurante.

Es más, hubo un momento en el que mis hijos comenzaron a jugar haciéndose cosquillas, lo que despertó la curiosidad del niño-bebé (menos mal, no estaba todo perdido) y empezó a dar pequeños saltitos en su trona en un inocente y maravilloso intento de integrarse en el juego. Su padre ni corto ni perezoso le subió el volumen del vídeo y le espetó: “No molestes a los niños del al lado. Tú a lo tuyo, cariño”.

No sabía si echarme a llorar, a reir o si buscar la cámara oculta. Os podéis imaginar mi cara ¿Verdad? Abrí tanto los ojos que creo que desde entonces tengo un par de arrugas nuevas en mi frente. ¡Vaya por Dios!

¿Sabíais que la Asociación Americana de Pediatría no recomienda el uso de pantallas en niños menores de 2 años? De cualquier tipo de pantalla, menos aún de las nuevas tecnologías. En los mayores de 2 años no recomiendan un uso superior a 2 horas diarias de cualquier dispositivo (televisión, tabletas, teléfonos…) Y ¿Por qué? Porque cada vez existen más estudios acerca del impacto NEGATIVO de este bombardeo sensorial sobre el cerebro en formación de los más pequeños.

Los niños pequeños, en sus primeros años de vida no necesitan ese tipo de estímulos sensoriales, auditivos, visuales en los que el ritmo acelerado de las imágenes y los sonidos nunca se corresponde con la realidad. Durante los primeros años los niños lo que necesitan es establecer un sólido y nutritivo vínculo afectivo con sus padres y cuidadores.

Es la madre/padre el que representa la llave que conecta el mundo real con su propia realidad.

nuevas tecnologías-niñosSon las emociones de sus padres las que le mostrarán el camino a seguir.

¿Qué creéis que hacen los bebés nada más tumbarlos en la camilla? Esto que os voy a contar lo compruebo conscientemente con cada niño que pisa mi consulta.

Lo primero que hace un bebé que aún no me conoce al tumbarle, es mirar a su mamá. ¿Y por qué lo hace? Para que sea ella la que le de la llave a sus emociones, la que ponga la primera piedrecita en su cerebro emocional en construcción. Si su madre sonríe y le acaricia el pelo amorosamente y le susurra un: “Tranquilo cariño, Lucía, te cuida”, el niño me mirará de nuevo y sonreirá (esto es maravilloso y no me canso nunca de vivirlo). Su mamá me ha dado la aprobación y él acepta la situación como segura. Si su madre por el contario está mirando el móvil en ese momento o reacciona con temor y desconfianza, el niño inmediatamente tomará esas emociones como suyas y empezará a llorar.

Este tipo de feedback, esto que parece algo tan sencillo pero que nos ocurre con nuestros hijos a diario en más de una docena de ocasiones, nunca nos lo dará una pantalla electrónica.

Los niños no identifican las emociones en las pantallas. Existen estudios que demuestran que el consumo de videojuegos violentos reduce el reconocimiento facial de las emociones. Cuando los niños y los adolescentes se acostumbran a la violencia, se vuelven más fríos e insensibles al dolor, sufrimiento o pena ajenos. Qué triste ¿Verdad?

Pero no solo eso, los estudios científicos avanzan a la misma velocidad que las nuevas tecnologías. Ya hay trabajos que relacionan de una manera aplastante el exceso de consumo de televisión y videojuegos con desórdenes en el sueño, hipertensión arterial, aumento de factores de riesgo cardiovasculares en adolescentes, obesidad, problemas de atención, dificultad de aprendizaje y peores resultados académicos.

¿Y qué me decís de las pantallas en las aulas? Pues existen trabajos igual de interesantes que afirman que:

  • El aprendizaje a través de una pantalla es peor que a través del papel.
  • La ejecución motora al escribir es clave para el aprendizaje de la lectura
  • Tomar notas en un dispositivo electrónico es menos útil que escribirlo en papel.

Ahora entenderéis porque muchos altos directivos de Apple, Yahoo, Google, eBay afincados en Silicon Valley (epicentro de la economía mundial de nuevas tecnologías) llevan a sus propios hijos a colegios donde no existen las nuevas tecnologías en las aulas, donde escriben en libretas de papel con lápiz y bolígrafo y donde las pizarras son convencionales.

Estos padres de estos niños, y padres de la tecnología mundial afirman que “el ordenador impide el pensamiento crítico, deshumaniza el aprendizaje, la interacción humana y acorta el tiempo de atención de los alumnos”

Hoy por hoy no existe evidencia científica suficiente que avale los supuestos beneficios del uso de tabletas en las aulas. Tom Van der Ark, exdirectivo de la fundación Bill Gates afirma que: “Los datos son muy flojos, cuando nos presionan para dar evidencias, lo tenemos muy complicado. O nos hemos de poner las pilas o nos hemos de callar”

¿Y qué hace una madre pediatra que escribe este post tan “duro”? Os preguntaréis muchos. Pues mi trabajo me ha costado, pero ahora sí soy plenamente consciente de todo lo que hoy os cuento; del tremendo poder adictivo de la tecnología en mis hijos y en mis pacientes. De la falta de conciencia social cuando mientras hablo con los papas en mi consulta, sacan el móvil para que el niño se entretenga… A ver quién es el guapo que la próxima semana le ofrece el móvil al niño delante de mí (je,je).

Mis hijos no juegan con mi teléfono, es una herramienta de trabajo y lo saben.

De lunes a viernes no hay videojuegos, ni ipad y lo saben. El sábado y domingo tienen un tiempo limitado y cronometrado de uso de Ipad (que en el caso de mi hijo es una hora por la mañana y una hora por la tarde). Es curioso como al principio se resistió y como posteriormente y tras mucho menos esfuerzo del que yo imaginaba, asumió perfectamente esta norma y él mismo me anuncia:

  • Mami, empiezo mi hora de Ipad. ¡Empieza a contar!

Así que os animo a todos a reflexionar sobre ello y a adaptar las nuevas tecnologías a las edades de vuestros hijos limitando su uso al máximo posible. No expongáis a vuestros bebés a las pantallas, por favor… No les contéis cuentos a través de la tableta, mucho menos si vienen con audio incluido. Compra libros con bonitas ilustraciones, deja que pase él las páginas, pon tú la voz a los distintos personajes, busca la sorpresa en su mirada y la carcajada en su sonrisa.

¿Qué pasa con los adolescentes? Los adolescentes requieren un post aparte aunque desde mi punto de vista hay 3 normas inquebrantables:

  • La televisión estará en el salón o en la salita; nunca en su habitación.
  • El ordenador, a ser posible tampoco.
  • Mientras se estudia, se come y se duerme, las pantallas estarán apagadas.

En resumen, recordad que los bebés, los niños y los adolescentes aprenden de las relaciones interpersonales, de nuestras emociones, de lo que ellos mismos sienten cuando les hablamos, cuando les susurramos…Aprenden del juego con iguales, de su maravillosa capacidad de asombro, de su pensamiento creativo, constructivo e imaginativo. Aprenden de lo que ven a través de nosotros, de lo que huelen, de lo que tocan, de lo que escuchan. Aprenden también del esfuerzo, del sacrificio, del saber elegir, de la compasión, del dolor ajeno. También nosotros, los adultos. Yo puedo leerme todas las noticias políticas  del día en el ipad que nunca podrán sustituir a una inteligente conversación con mis padres tras una buena comida.

“Cambiaría, si pudiera, toda mi tecnología por una tarde con Sócrates” – dijo Steve Jobs.

 ¡Necesitamos vivir en vivo y en directo! ¡Los niños y nosotros! Así que apaga el móvil, levanta la vista y piensa si te has perdido algo mientras leías este post.

« »

© 2016 Lucía, mi Pediatra.