Lucía, mi Pediatra.

Desde la experiencia de mi profesión y la sensibilidad de mi maternidad.

Sobre vacunas, antivacunas, acoso y respeto.

Hoy es el día Mundial Contra el Acoso Escolar y tras los últimos acontecimientos vividos en primera persona son tantas las preguntas que me he hecho y tantas las mini-conversaciones que he tenido con mis hijos, que hoy me siento aquí para hacer balance.

Como ya sabéis, la semana pasada fue la Semana Mundial de la Inmunización y me pareció una magnífica oportunidad para compartir con todos los que me leéis, información fiable sobre algo tan importante y que genera tantas dudas y miedos como son las vacunas.

No hizo falta más que una publicación para que un pequeño número de personas contrarias a la vacunación utilizaran mis redes sociales para exponer sus equivocadas creencias que tanto se alejan de la evidencia científica y tanto daño están causando al ser responsables de nuevos brotes de enfermedades hasta el momento controladas, como es el sarampión. Desde mi más profundo sentir contesté a la primera de ellas y mi respuesta, (aquí la tenéis) como sabéis se hizo viral. Se publicó en decenas de medios de comunicación nacionales e internacionales  y me llamaron de prensa escrita, radio y televisión.

Recibí miles de mensajes de apoyo no solo de mis compañeros médicos, pediatras, enfermeros y profesionales sanitarios, sino de miles de lectores de toda España, de Argentina, de Venezuela, de México, de Reino Unido y hasta de Estados Unidos. He de reconocer que me vi desbordada…

Sin embargo, como ocurre en estos casos, cuanto más sonoro era el reconocimiento, más hiriente y ofensivo fue el contraataque de este dañino movimiento antivacunas. El sentido de la responsabilidad hacia mi trabajo y el profundo respeto hacia todos aquellos científicos, expertos y profesionales que han dedicado y dedican su vida al estudio de la eficacia y seguridad de las vacunas, hizo que siguiera divulgando información de interés cada día de la semana.

Nunca imaginé hasta donde llegarían. Este grupo de personas traspasaron la frontera de lo admisible. En los días siguientes tuve que aguantar como me llamaban: “Corrupta, mentirosa, sinvergüenza, ignorante, facha, pija, zorra y puta”. Me duele hasta escribirlo.

Y me duele no por el ataque a mi persona, ni a mi profesionalidad, ni a mis largos años de estudio, ni a mis tendencias políticas de las que nunca he hablado, ni a mi forma de vestir, ni a mí como mujer, hasta ahí podíamos llegar. No ofende quien quiere, sino quien puede. Y cuando tu discurso se basa en el ataque y en el insulto, ya está todo dicho y todo el ridículo hecho.

Me dolió por los niños que conviven con estos padres, tíos, hermanos o abuelos. Me dolió por ellos.

Porque estos niños, como todos los niños, aprenden lo que viven, lo que ven y lo que escuchan. Y son estos niños los que muy probablemente en un futuro ataquen, acosen, obliguen, juzguen, sometan y abusen de las personas que lejos de parecerse a ellos, defienden desde el respeto, su trabajo diario o que simplemente tienen la mala suerte de cruzarse en su camino.

  • Esto es lo malo de las redes sociales-  me decíais algunos.

Cierto. Pero las redes sociales, desde la cuales sumo casi 200.000 seguidores, tienen algo maravilloso y algo inmenso que es lo que ocurrió unas horas después. Y es que todos a una y sin aviso previo, nos unimos por una causa: No al ataque. Y compañeros, amigos, conocidos y sobre todo miles de lectores, condenaron duramente lo ocurrido dejando en evidencia los escasos recursos de aquellos que utilizan el insulto como argumento. Y me sentí tan bien y tan orgullosa de la comunidad que hemos creado entre todos, de lo mucho que aprendo de todos vosotros y de todo lo que tenemos aun que aportar en esta nueva era digital en la que nos movemos. Y tan bien me sentí que se lo conté a mis hijos y hablamos del respeto, del diálogo, del rechazo al insulto, del “no todo vale” (en las redes sociales tampoco), de  asumir responsabilidades con valentía, de rodearte de buenas personas que sumen en tu vida, que construyan y de las que siempre tengas algo que aprender. Y de alejarte de los mediocres, porque como dice el dicho popular, “en esta vida todo se pega” y si te juntas con mediocres, tendrás muchas posibilidades de terminar siendo un mediocre.

Así que en el día mundial del acoso escolar yo hago una reflexión en voz alta: empecemos por nosotros mismos. No sirve de nada que le des lecciones de civismo o de disciplina positiva a tu hijo, si al mismo tiempo te escucha insultar al vecino, despreciar al compañero de trabajo o al camarero que en ese momento te pone el café; de nada sirve si ve como juzgas, atacas o te ríes de alguien por su profesión, raza, género, religión o condición sexual. De nada sirve. Respeto. No hay más.

Gracias a todos, gracias siempre.

Dra. Lucía Galán Bertrand. www.luciamipediatra.com Pediatra y escritora.

Y entre los miles de apoyos que he recibido quiero dar las gracias especialmente a todos aquellos compañeros de los que cada día aprendo algo y a los cuales os animo a seguir:

A todos vosotros os dedico este tema que ahora escucho mientras escribo… porque siempre permaneceréis en mi “rincón exquisito” como dice la canción “lanzamos un mensaje para todo el Universo” 😉

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