Lucía, mi Pediatra.

Desde la experiencia de mi profesión y la sensibilidad de mi maternidad.

Los niños también tienen diabetes.

Hoy es 14 de noviembre, Día Mundial de la Diabetes.

La diabetes mellitus es una enfermedad metabólica caracterizada por elevados niveles de azúcar en sangre (glucemia) de forma mantenida por una disminución de la hormona insulina o un fallo en su mecanismo de acción.

En otras palabras, la insulina es una hormona que fabrica el páncreas y es la encargada de “llevar” el azúcar de los alimentos que ingerimos, al interior de las células para su correcto funcionamiento y al interior del hígado para su almacenamiento (en forma de glucógeno).

Como les explico yo a los niños más mayores: “La insulina es el taxista de la sangre. Si no hay taxis, el azúcar no puede llegar a destino, es decir no puede llegar a las células para que estas funcionen correctamente, ni tampoco llegará al hígado, que su almacén”.

Pero… no todas las diabetes son iguales ¿no?

Cierto. Existen dos tipos fundamentalmente.

  • Diabetes mellitus tipo 1: propia de niños y adultos jóvenes. Es una de las enfermedades crónicas infantiles más frecuentes. Su incidencia ha aumentado un 3,8% en todos los países, sobre todo, entre los menores de cinco años.

En España se estima que hay 1100 casos nuevos cada año. La diabetes tipo 1 afecta a 33.000 niños menores de 15 años en España.

El origen se encuentra en la destrucción de las células del páncreas encargadas de fabricar insulina. Si no hay insulina, el azúcar no llega a las células, ni al hígado, se acumula en sangre y aumentan los niveles en sangre (hiperglucemia) y en orina (glucosuria). Esta destrucción de células es autoinmune, es decir, nuestras propias células en un momento dado atacan a las células pancreáticas y las destruyen de forma irreversible, todo ello en pacientes genéticamente predispuestos.

¿Cómo puedo sospechar que mi hijo es diabético?

Los pediatras solemos pensar en las tres “P”:

  • Polifagia: Los niños tiene muuuucha hambre
  • Poliuria: hacen pis a todas horas y en cantidad, por la noche también. De pronto se empiezan a levantar por la noche al baño o incluso se hacen pipí encima.
  • Polidipsia: Tienen mucha sed. Beben mucho.

Todo ello en un niño que además está perdiendo peso, está cansado, agotado, con menos actividad…

Si no pensamos en diabetes, no diagnosticamos diabetes.

Por ello mis compañeros han lanzado esta campaña de concienciación #piensaendiabetes Hoy comparto con vosotros estas estupendas infografías que describen a la perfección los síntomas y signos de alarma. El diagnóstico es fácil y sencillo, un control de glucemia en sangre y un control de orina. Eso sí, para diagnosticarlo, hay que sospecharlo. Tener presente estos síntomas evita diagnósticos tardíos (cetoacidosis) con el consiguiente riesgo de complicaciones.

  • Diabetes mellitus tipo 2: es la forma más frecuente, de hecho el 85% de los diabéticos son tipo 2. La diabetes es una enfermedad muy común.

Se estima que en el mundo hay alrededor de 143 millones de personas con diabetes. La OMS considera que el 50% de las personas que tienen diabetes están sin diagnosticar. Este tipo de diabetes es propia de adultos con obesidad o sobrepeso en los que se observa una “resistencia a la insulina”, es decir, la insulina deja de trabajar correctamente. Su origen y mecanismo de acción por tanto, es diferente a la diabetes tipo 1. En adultos diagnosticados a tiempo, con un adecuado control clínico y dietético no tienen porque necesitar insulina como tratamiento, como ocurre en los niños en los que la insulina inyectada, será uno de los pilares de su tratamiento.

Pero ojo, debido al incremento en nuestras tasas de obesidad infantil, desgraciadamente estamos observando más casos de diabetes tipo 2 en adolescentes y niños de 11-12 años debido a una resistencia a la insulina.

Como veis la obesidad es uno de los factores de riesgo fundamentales para desarrollar una diabetes tipo 2 que mermará su calidad de vida y supeditará a estos pacientes a sufrir complicaciones cardiovasculares, renales, y oftalmológicas entre otras.

Esta misma semana acudía a la consulta una abuela y su nieto de 14 años con obesidad y me confesó:

  • En mi casa no entra el azúcar. Todo lo que comemos pasa por mis manos. Todo lo que compro, en el mercado, fresco y de ahí al plato. ¿O quieres terminar medio ciega como tu abuela? – le increpó al nieto.

No le faltaba razón a la mujer:

El riesgo de padecer ceguera es 10 veces superior en pacientes con diabetes

Al igual que los vasos sanguíneos del corazón o del resto del sistema circulatorio, los de la retina también se pueden afectados. Es por ello que la prevención es FUNDAMENTAL con controles oftalmológicos periódicos. Y aunque las complicaciones visuales si se presentan, suelen ser tardías en la evolución de la enfermedad, todos los pacientes con diabetes deben pasar por el oftalmólogo regularmente.

¿Cómo se trata la diabetes en los niños?

El tratamiento de la diabetes tipo 1 se basa en cuatro pilares fundamentales que lograrán un buen control de la enfermedad y una correcta prevención de complicaciones a corto y largo plazo:

  • Insulina
  • Ejercicio físico
  • Nutrición
  • Educación en la enfermedad por personal entrenado y cualificado.

Y ahora que ya sabéis cómo sospechar una diabetes, no dudéis en preguntar a vuestro pediatra si os surgen más preguntas. ¡Para eso estamos!

La última diabetes que diagnostiqué en consulta, fue un adolescente que venía acompañado de sus padres.

  • Estamos preocupados. No es él. Está cansado, ya no le interesa lo que siempre le gustaba. Además, le duele la cabeza. Quizá no sea nada pero tras darle muchas vueltas, hemos decidido venir.

Por la cabeza de estos padres habían pasado todo tipo de sospechas, sombras y fantasmas: su hijo hasta el momento un adolescente activo, dinámico, deportista y dicharachero desde hacía unas semanas estaba cansado, serio, triste y apático; un chico al que le preguntabas ¿Qué te pasa? y siempre te respondía con un: Nada. 

Lo que inicialmente parecía un chaval con apatía y dolor de cabeza, se convirtió en un paciente que respiraba de una forma un tanto peculiar mientras sus padres contestaban cada una de mis preguntas. Esto fue lo primero que me llamó la atención. Es curioso como la mera observación en ocasiones nos da mucha más información que lo que el propio paciente cuenta. No le quitaba ojo.

  • ¿Has perdido peso? – le pregunté directamente a él.
  • No sé… – me contestó sentado en la silla, reclinado hacia atrás y subiendo un hombro.
  • Sí, ha perdido bastante peso y eso que ni se mueve. Está todo el día en el sofá.- apuntilló su madre.

Él parecía no inmutarse… y de nuevo esa respiración profunda y mantenida.

  • ¿Qué ocurre? ¿Que no tienes apetito?- le pregunté alzando las cejas.
  • Sí que tengo… – me contestó
  • ¿Que si tiene? pero si pide comida a todas horas.- añadió el padre.

El chaval se giró lentamente para mirar a su padre y alzando una ceja, asintió con la cabeza. Y de nuevo esa respiración. Se relamió los labios. Tenía sed. De pronto se me encendieron todas las alarmas.

  • ¿Bebes mucho? ¿Tienes mucha sed? – le pregunté mirándole fijamente.

Asintió con la cabeza, esta vez ni me contestó. Me levanté, le indiqué que se sentara en la camilla y se quitara la camiseta. Estar a unos centímetros de su boca mientras le auscultaba me permitió confirmar lo que ya sospechaba.

  • Aliento cetónico- pensé. Su aliento olía a manzana. Signo a tener muy en cuenta en un paciente con estas características.

Sin camiseta, la respiración era aun más llamativa.

  • Respiración de Kussmaul.- pensé. Una respiración profunda y forzada asociada a la cetoacidosis diabética.

Sin alarmar a los padres le hice un dextro, determinación de glucosa en sangre, que me confirmó todas mis sospechas, tenía cerca de 350mg de glucosa. Glucosa en orina positiva y gasometría en sangre que anunciaba una situación crítica que precisaba tratamiento inmediato. Tras informar pausadamente a sus padres de los pasos que íbamos a seguir, ingresó en el hospital.

Llegué a casa asombrada por lo “bien” que había tolerado este chico su situación clínica a pesar de la gravedad de la situación.

La evolución fue estupenda, con el tratamiento adecuado e insulina, todos sus niveles se estabilizaron y pudo ser dado de alta en una semana tras haber recibido él y su familia las primeras clases de diabetes a cargo de personal entrenado.

Así que así es, si no se piensa en diabetes, no se diagnostica diabetes. 

Hasta pronto.

 

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Dra. Lucía Galán Bertrand.   www.luciamipediatra.com

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