Lo que debes saber sobre la hiperhidrosis en niños y adolescentes
Esta semana en la app La Tribu, hemos querido poner el foco en un tema que, aunque no siempre se habla abiertamente, afecta a muchos niños y adolescentes y puede tener un impacto importante en su día a día: la hiperhidrosis.
Porque no es solo “sudar más de lo normal”.
Para muchos niños, puede convertirse en un motivo de inseguridad, vergüenza e incluso aislamiento.
¿Qué es la hiperhidrosis?
La hiperhidrosis es una sudoración excesiva, superior a la que el cuerpo necesita para regular su temperatura.
Puede aparecer en distintas zonas del cuerpo, siendo las más frecuentes:
- Axilas
- Manos
- Pies
- Cara
Según la Asociación Española de Dermatología y Venereología (AEDV), puede afectar aproximadamente a un 2–3 % de la población.
Tipos de hiperhidrosis
Existen dos tipos principales:
✔️ Hiperhidrosis primaria
Es la más frecuente y aparece sin una causa médica subyacente. Suele comenzar en la infancia o adolescencia.
✔️ Hiperhidrosis secundaria
Está relacionada con otras condiciones médicas, como alteraciones tiroideas, infecciones o ciertos medicamentos.
¿Cuándo debemos consultar?
Más allá de la cantidad de sudor, lo importante es cómo afecta al niño o adolescente.
Conviene consultar cuando:
- Evita dar la mano
- Tiene que cambiarse de ropa con frecuencia
- Se siente incómodo en situaciones sociales
- Se aísla o muestra inseguridad
- La sudoración interfiere en su vida diaria
La hiperhidrosis no es solo un problema físico. Puede tener un impacto importante en la autoestima.
¿Qué opciones de tratamiento existen?
Afortunadamente, existen diferentes opciones que pueden ayudar a controlarla:
- Antitranspirantes específicos con cloruro de aluminio
- Iontoforesis, especialmente útil en manos y pies
- Toxina botulínica en casos más severos
- Tratamiento oral, en situaciones concretas y siempre valoradas por un especialista
El abordaje debe ser siempre individualizado y supervisado por un profesional.
No es solo sudor
Para un niño o adolescente, la hiperhidrosis puede significar mucho más que una molestia física.
Puede afectar a cómo se relaciona, a cómo se percibe y a cómo vive su día a día.
Por eso, entenderlo, normalizarlo y acompañarlo bien es clave.
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- cómo diferenciar casos leves de moderados
- qué hacer en casa
- cuándo derivar
- y cómo acompañar emocionalmente a nuestros hijos
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Porque cuando entendemos lo que ocurre… todo se vive con más calma.













