Llega el verano, los niños pasan más tiempo en piscinas, duchas comunitarias, vestuarios y campamentos, y de pronto aparece una lesión en la planta del pie que duele al apoyar.
Muchas veces las familias piensan que es una dureza, un callo o una rozadura. Pero, en ocasiones, lo que tenemos delante es una verruga plantar, también conocida popularmente como “papiloma”.
Este es uno de esos temas que genera muchas dudas y que hemos tratado en profundidad en mi app gratuita La Tribu, donde encontrarás información clara y rigurosa sobre cómo reconocer estas lesiones, cómo prevenirlas y cuándo conviene consultar.
Las verrugas plantares son lesiones benignas de la piel producidas por determinados tipos del virus del papiloma humano, sobre todo los tipos 1, 2, 4 y 57, según recoge la Asociación Española de Pediatría. Aparecen con frecuencia en niños y adolescentes, especialmente en la planta del pie, donde la presión al caminar puede hacer que crezcan hacia dentro y resulten dolorosas.
Conviene aclarar algo importante: las piscinas no producen verrugas por sí mismas. Lo que ocurre es que el virus puede encontrarse en superficies húmedas y templadas, como suelos de piscinas, duchas públicas, vestuarios o gimnasios. Si caminamos descalzos y la piel tiene pequeñas grietas, heridas o zonas reblandecidas por la humedad, el virus puede entrar con más facilidad. Mayo Clinic y la Academia Americana de Dermatología recomiendan usar chanclas o calzado en estas zonas comunes para reducir el riesgo.
¿Cómo son las verrugas plantares?
Suelen presentarse como pequeñas lesiones rugosas, endurecidas, a veces con aspecto de callo. Una pista bastante típica es que pueden tener puntitos negros en su superficie, que corresponden a pequeños capilares trombosados. Además, a diferencia de una simple dureza, pueden doler al apoyar o al caminar, sobre todo si están en zonas de carga como el talón o la parte anterior de la planta del pie.
No siempre son fáciles de distinguir de una dureza, por eso es importante no manipularlas en casa, no cortarlas, no “rasparlas” sin criterio y no aplicar tratamientos agresivos sin diagnóstico previo. En niños, además, debemos ser especialmente prudentes para evitar dolor, infecciones secundarias o cicatrices innecesarias.
¿Cómo podemos prevenirlas?
La prevención no siempre es perfecta, porque el VPH cutáneo es frecuente y cualquier niño puede desarrollar una verruga plantar. Pero sí podemos reducir el riesgo con medidas sencillas:
Usar chanclas o calzado de goma en duchas, vestuarios y zonas comunes de piscina.
Secar bien los pies después del baño, especialmente entre los dedos.
No compartir toallas, calcetines ni calzado.
Cambiar los calcetines a diario si el pie suda mucho.
Evitar tocar, rascar o arrancar la verruga, porque puede favorecer la extensión a otras zonas.
Si el niño ya tiene una verruga plantar y va a la piscina, es recomendable cubrirla con un apósito resistente al agua o seguir las indicaciones del profesional sanitario. Se recomienda cubrir las verrugas plantares al nadar, además de mantener medidas básicas como no compartir toallas y cuidar la higiene de manos tras tocarlas.
Y algo que me parece fundamental transmitir a las familias: tener una verruga no significa falta de higiene. No es culpa del niño, ni de la familia, ni implica que “se haya cuidado mal”. Es una infección vírica cutánea frecuente, especialmente en la infancia y adolescencia.
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