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Cosas que aprendí viajando con adolescentes

Viajar con adolescentes no se parece en nada a viajar con niños pequeños.

En nada.

Y creo que muchas familias llegan a esta etapa pensando que será “más fácil” porque ya no hay pañales, ni carros, ni mochilas llenas de medio supermercado.

Pero entonces llegan otras cosas: los silencios, las caras largas, las peleas entre hermanos, las necesidades de independencia, el “me da igual”, el “¿cuánto falta?” o esa forma tan adolescente de querer estar contigo… pero no demasiado cerca. 

Y aun así, viajar con adolescentes puede ser profundamente bonito. Solo hay que aprender a mirarlo de otra manera. 

He aprendido que no quieren lo mismo que nosotros

A veces planeamos viajes intentando recrear la postal perfecta: museos, rutas, fotos, planes organizados y días llenos de cosas por hacer. Pero los adolescentes muchas veces necesitan algo muy distinto. 

Y ellos muchas veces solo quieren:

  • Dormir más.
  • Tener ratos solos.
  • Conectar al wifi.
  • Comer tranquilos.
  • Reírse.
  • Sentirse escuchados.

Y eso también es viajar.

He aprendido que discutir menos importa más que hacerlo todo

Hay viajes que salen regular… pero se recuerdan preciosos.

Y otros “perfectos” que emocionalmente agotan.

Con adolescentes merece mucho la pena preguntarse:

¿Quiero controlarlo todo o quiero conectar?

Porque normalmente ambas cosas a la vez no caben.

He aprendido que necesitan autonomía

Aunque a veces nos dé miedo, los adolescentes necesitan empezar a elegir cosas, separarse un rato, opinar, equivocarse y decidir hasta qué ropa quieren llevar aunque no tenga ningún sentido climático. Porque la adolescencia también se entrena viajando. 

Y he aprendido otra cosa importante: ellos recuerdan muchísimo más cómo se sintieron que los lugares exactos que visitaron. Recuerdan si había tensión o calma, si podían ser ellos mismos, si se sintieron escuchados… o si vivieron las vacaciones sintiéndose juzgados constantemente. 

No intentéis competir con TikTok, Youtube o Instagram.

El mejor viaje muchas veces no es el más espectacular.

Es aquel en el que tu hijo adolescente sintió que seguía pudiendo estar contigo sin sentirse invadido. Y eso vale muchísimo.

Disfruta del viaje.

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